Friday, July 07, 2006

Richard Ulloa

Rafael Gumucio fue el más deslenguado panelista del seminario ¿Y ellos qué opinan?


LOS HOMBRES COMENTAN LA FEMINIZACIÓN DE LOS CARGOS PÚBLICOS


Mujeres en el poder: ¿Y ellos qué opinan?

Mujer Presidenta, gabinete paritario, pero para ellos, nada ha cambiado. Eso es lo que quedó claro en el foro organizado por Comunidad Mujer en la Municipalidad de Vitacura “¿Y ellos qué opinan?”, donde Rafael Gumucio, Jaime de Aguirre y Carlos Peña analizaron el nuevo liderazgo femenino, que para ellos, es sólo de carácter simbólico. Según ellos, desde Inés de Suárez hasta hoy, todo sigue igual.



La Nación

Dalia Rojas

No hay cambio real. Esa fue la conclusión a la que los panelistas llegaron luego de un rato de conversación. Los hombres asumen que la mujer ha salido a la esfera pública, tiene más educación y se ha integrado a espacios laborales y de poder, pero aseguran que eso no implica necesariamente un cambio en la sociedad. “Y no es lo más relevante”, señala Carlos Peña, quien indica que más importante que la relación de géneros es la brecha social existente en el país.

“Exageramos las cosas a partir del enorme poder simbólico que tienen el acceso de una mujer a la presidencia” -dice Peña- y agrega que hay mujeres y mujeres. “Ser mujer pobre es distinto a ser mujer de clase media, o clase media alta. El costo de liberar a las mujeres en países en vías de desarrollo como los nuestros pasa por esclavizar a una o dos simultáneamente”.

Rafael Gumucio lo secunda y despliega que además las mujeres llegaron al trabajo en los años 80 por una cuestión económica, no porque hayan querido y que hasta los más machistas se han resignado a que así sea. Para él tener una Presidenta no implica que los temas de Gobierno sean de feminismo clásico: “Para que haya un cambio real debiera haber ley de aborto o al menos debatirse al respecto. Eso es un cambio, dejar de ser una sociedad patriarcal y machista. Hay una mujer en la presidencia, pero no hay una agenda de mujer en el Gobierno”, dice.

¿Quién tiene el control remoto?

“Por ejemplo en televisión, no ha cambiado nada. Las principales consumidoras son las mujeres, los horarios de mujeres son los más demandados. Lo hábitos en la casa los manejan las mujeres y eso no ha cambiado nada”, dice Jaime de Aguirre, quien cree que la salida de la mujer de la casa se debe a una necesidad del sistema de consumo. “Es necesario que todos consumamos, y mucho, para que se mantenga el sistema”. Al igual que sus congéneres, asegura que hay un discurso basado en grandes muestras simbólicas “pero que no aseguran que se haya producido un cambio real”.

“Lo que se le exige a la mujer es que vaya al supermercado, que cuide a los niños, que haga la comida. ¡Esto ha sido para los hombres la conchinchina! Porque fue dejar de hacer todo: ese el nuevo poder de la mujer”, alega Gumucio.

Inseguridad y angustia. Eso, según Carlos Peña, es lo que compartimos hombres y mujeres: un estado de bienestar tan débil como una torre de naipes, que procuramos compensarla con las relaciones afectivas, específicamente en la familia. “Acabamos demandando a la familia, más de lo que ella puede dar, las relaciones sociales se han enfriado tanto, que es el único fogón afectivo que nos va quedando. Hay pocas cosas tan frágiles desde los últimos 20 años como las relaciones afectivas. No es porque la gente no crea en ellas, es porque les demanda demasiado”. En todo caso, agrega que el ideal de familia nuclear hollywoodense de la industria cultural jamás ha existido en Chile, por ende, no es real que haya cambiado. “Lo que siempre ha existido en Chile es una diversidad de familias, ya desde el siglo XIX existía cerca de un 40 por ciento de ilegitimidad en los hijos. Hoy no es tan distinto. Ese ideal de familia existió sólo en una elite”, puntualiza.

Al margen de que no pase nada, Gumucio siente que hay una nueva fiesta femenina en la elite “desde la Josefina Correa hasta la Bachelet”. Tiene la sensación de que los hombres chilenos son más liberales que en otros países, pero hace la diferencia: por pragmatismo, no por una cosa moral, y saca el ejemplo de la historia: “Viviendo en el fin del mundo y con los mapuches cortando cabezas, llegó Pedro de Valdivia con la Inés de Suárez, que era su amante. La casó con un amigo y se acabó el asunto. Con la mujer chilena se da una cosa divertida y se resume bien en una frase del poeta Diego Maquiera: “La mujer chilena comienza como geisha y termina como samurái. Lo peor que pueden haber hecho es crear este mito de que la mujer va a gobernar de manera diferente y que son más afectivas, y que escuchan más, porque eso es mentira. Bachelet no es la mujer que más escucha, lo ha probado, escucha muchísimo menos que Lagos ¡Escucha menos que Pinochet!”.

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